Un decálogo para la docencia en línea

El grupo de investigación Edul@b, de la Universitat Oberta de Catalunya, elaboró un decálogo con 10 recomendaciones para docentes online de los diferentes niveles educativos. Algunas claves: buena organización, trabajo colaborativo y comunicación fluida.

 Un decálogo para la docencia en línea

FOTO: Freepik

Los integrantes del grupo de investigación Edul@b, de la Universitat Oberta de Catalunya, elaboraron un “Decálogo para una docencia online inesperada”, con diez recomendaciones para la enseñanza en línea en este tiempo de emergencia. Presentamos algunas de sus principales ideas; el artículo completo puede consultarse en la web del Edul@b.

1. Seleccionar el sistema y las herramientas de trabajo más adecuadas. Siempre y cuando la institución no las haya determinado ya previamente. Tener en cuenta los dispositivos que los estudiantes ya utilizan habitualmente: teléfonos móviles, tablets, netbooks, etc.

2. Organizar y preparar a los alumnos. Aprender es más que mirar videos y descargar aplicaciones. Es clave ayudarlos a auto-organizarse y darles consejos sobre cómo organizar el espacio de trabajo en casa (luz, silencio, etc.). Dentro de la flexibilidad que tendrán, es necesario que dispongan de una rutina que los ayude.

3. Dedicar tiempo al diseño (re-diseño) del curso. En la educación en línea, la planificación es esencial, como lo es un buen diseño del curso. Seguramente no hay tiempo para volver a diseñar un curso entero, pero sí para re-diseñar algunas actividades concretas, para que los estudiantes no pierdan el ritmo del curso. Es importante estructurar espacios de comunicación permanente, a fin de mantener el contacto.

4. Elaborar un conjunto de actividades, y acompañarlas de un conjunto de recursos didácticos que ayuden a los estudiantes a resolverlas. Es necesario que la enseñanza se centre más en las actividades que en los contenidos. Hacer una propuesta clara de temporización de las actividades, con entregas intermedias.

5. Asociar un conjunto de recursos a las actividades. Será la forma en que los estudiantes accedan a contenidos. Los recursos pueden ser elaborados por iniciativa propia, si bien es posible buscar recursos de calidad en la red. Con respecto a los recursos, considerar las vías de inclusión de las personas con diferentes capacidades, para asegurarnos de que sean accesibles para todos.

6. Crear dinámicas de interacción activa en el entorno virtual para mantener a los estudiantes conectados y motivados, fomentando una comunidad de aprendizaje social y académica que comparta dudas, soluciones, inquietudes… Desarrollar actividades colaborativas que fomenten la interacción asincrónica entre estudiantes.

7. Explicar el modelo de evaluación que se llevará a cabo desde el comienzo y hacer explícitos a los estudiantes los criterios de evaluación, así como el feedback que se les dará. Es necesario potenciar la evaluación continua como una herramienta que facilita el seguimiento de los estudiantes y que aporta información valiosa.

8. Generar presencia social. Los alumnos a distancia corren el riesgo de sentirse solos. Es importante hacerles sentir que forman parte de una comunidad donde todos tienen el mismo objetivo: aprender mientras socializan. Conviene alentar espacios de intercambio de mensajes entre los propios alumnos y promover un clima de trabajo distendido.

9. Desarrollar el espíritu crítico de los estudiantes respecto a la tecnología. Esta es una gran oportunidad para que los alumnos se den cuenta de los beneficios, pero también de los riesgos del uso de las tecnologías.

10. Aprovechar para trabajar colaborativamente con los compañeros y compañeras docentes. Ese intercambio puede ayudar a definir actividades, resolver dudas… Pero sobre todo, para sentirnos acompañados a la distancia.

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