Horacio Lejarraga: propuestas para potenciar el desarrollo infantil

El pediatra Horacio Lejarraga y la matemática Diana Kelmansky publicaron el libro “Desarrollo infantil en la Argentina”, en el que sintetizan las investigaciones que realizaron a lo largo de 30 años y ofrecen herramientas para la detección temprana de problemas.

 Horacio Lejarraga: propuestas para potenciar el desarrollo infantil

¿De qué manera el ambiente influye sobre el desarrollo de niños y niñas? ¿Cuáles son las acciones de promoción del desarrollo y de prevención de sus problemas que las familias pueden poner en práctica durante la crianza? ¿Cómo se puede organizar la vigilancia del crecimiento y desarrollo infantil en un centro de salud, municipio, programa, provincia o nación? ¿Cuáles son las estrategias más eficaces frente a un niño en quien se sospecha un problema de desarrollo?

El pediatra Horacio Lejarraga y la matemática Diana M. Kelmansky responden estas y otras preguntas en el libro Desarrollo infantil en la Argentina. Epidemiología y propuestas para el sector de la salud (Paidós), una obra que recoge los resultados de investigaciones clínicas y epidemiológicas realizadas por los autores a lo largo de más de treinta años de trabajo en equipo, con foco en los niños de 0 a 5 años.

En estas tres décadas de labor, Lejarraga y Kelmansky no solo han generado conocimientos, sino también herramientas de simple implementación y bajo costo para la detección de problemas y para la vigilancia del desarrollo en grupos de población. El libro está pensado para profesionales de la salud, sean enfermeros o enfermeras, pediatras, encargados de grupos focales, jefes de centros de salud, ministros, etc., que desarrollen tareas asistenciales u organizativas a nivel local, municipal, provincial, regional o nacional.

En estas tres décadas de labor, Lejarraga y Kelmansky no solo han generado conocimientos, sino también herramientas de simple implementación y bajo costo para la detección de problemas y para la vigilancia del desarrollo en grupos de población

Horacio Lejarraga es pediatra y profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires. Fue Research Fellow en la Universidad de Londres. Organizó la internación del Hospital Garrahan y creó el Servicio de Crecimiento y Desarrollo de dicho hospital. Coordinó el Programa Nacional de Crecimiento y Nutrición del Ministerio de Salud en 1984-85, fue consultor de la Organización Mundial de la Salud (OMS), UNICEF y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en países de América Latina, y asesor de la Dirección de Salud Ambiental de Acumar 2010-15. Fue presidente de la Sociedad Argentina de Pediatría y recibió en 2014 el Premio Internacional Reina Sofía de Prevención de la Discapacidad. Agenda Educativa conversó con él para saber un poco más sobre desarrollo infantil en Argentina.

–¿Cómo definiría el desarrollo infantil?

–La palabra “desarrollo” se usa para muchas cosas, por ejemplo el desarrollo de los países. En el caso de desarrollo infantil, lo podemos definir como el “curso de los cambios de la conducta sensorio-motriz, la respuesta emocional, la inteligencia, el lenguaje y el aprendizaje”. Se puede estudiar desde muchas perspectivas. Los pediatras lo medimos a partir de la edad en que los niños cumplen pautas, por ejemplo a qué edad el niño sonríe, dice “mamá”, camina, patea una pelota, sube una escalera o dibuja una persona. Eso permite medir si los niños se desarrollan lentamente o más rápido. Cuando hay un ambiente desfavorable, eso hace que los niños se desarrollen más lentamente. Eso no es bueno porque los niños con un retraso en el desarrollo después van a la escuela y tienen más dificultades para aprender, y así el retraso se puede incrementar. Si tienen algún problema específico, hay herramientas para detectarlo tempranamente.

–¿Cuáles son las principales variables que inciden en el desarrollo?

–Los primeros capítulos del libro se dedican a describir las investigaciones que venimos haciendo con la doctora Diana Kelmansky en Argentina desde hace 30 años. También citamos estudios de otros investigadores, para brindar un panorama de cómo es el desarrollo infantil en Argentina. Allí presentamos también qué variables del ambiente pueden incidir en el desarrollo, cuáles se asocian a un desarrollo positivo y cuáles se asocian a un retraso.

Si usted sabe cuáles son esas variables, entonces puede actuar sobre ellas.  En el primer año de vida, la madre ejerce un efecto protector muy fuerte de influencias desfavorables. Pero luego del primer año de vida aproximadamente, si viven en medios desfavorables, de mucha pobreza, esos niños empiezan a retrasarse. Ahora bien, este retraso también puede darse en las clases medias. Eso se da especialmente en épocas de crisis globales, como el 2002, cuando la crisis afectó a toda la población.

En el primer año de vida, la madre ejerce un efecto protector muy fuerte de influencias desfavorables. Pero luego del primer año de vida aproximadamente, si viven en medios desfavorables, de mucha pobreza, esos niños empiezan a retrasarse

Horacio Lejarraga

–¿Qué impacto tiene el jardín de infantes?

La asistencia al jardín es una variable favorecedora del desarrollo y revierte el retraso producido por el ambiente. Los niños que van al jardín se desarrollan mejor que los que no van. Hemos detectado que, de 0 a 2 años, la asistencia a jardín o guardería no influye mayormente en el desarrollo, pero sí hay un efecto favorable del jardín sobre todo a partir de los 3 años. Por suerte en Argentina la ley hizo obligatoria la asistencia a partir de los 4 años. A esa edad, el contacto con la maestra y con otros chicos, la socialización, ejerce un efecto muy positivo en el desarrollo del niño.

La escuela es la gran igualadora. Hay muchos chicos que todavía no van al jardín: las autoridades y la comunidad deberían hacer un esfuerzo para que todos los chicos de la Argentina puedan asistir.

–¿Qué acciones concretas pueden realizar padres y docentes para promover el desarrollo?

–Por ejemplo, el juego y la lectura. El lenguaje no es solo una herramienta de comunicación: lenguaje y pensamiento van de la mano. Si uno tiene un lenguaje pobre, tiene un pensamiento pobre. No es cierto que uno puede tener muchas cosas en la cabeza y no saber expresarlas. Si no las puede expresar, es que tiene una confusión. Entonces una de las formas de enriquecer el pensamiento es enriquecer el lenguaje, y para eso hay que estimular la lectura. Hoy vivimos una banalización y una desvalorización del lenguaje; en la televisión vemos gente que dice que no dijo lo que dijo; o que dice cualquier cosa. Con la lectura se estimula el lenguaje, y con el lenguaje se estimula el pensamiento. Además, la lectura estimula la fantasía, que es otra herramienta para sobrevivir. Leerles cuentos a los chicos es muy positivo. De esa manera, el chico adquiere amor al libro. Se puede empezar desde temprano, aunque el chico tenga 6 meses.

La asistencia al jardín es una variable favorecedora del desarrollo y revierte el retraso producido por el ambiente. Los niños que van al jardín se desarrollan mejor. Por suerte en Argentina es obligatoria la asistencia a partir de los 4 años

Horacio Lejarraga

–El libro tiene varias propuestas para profesionales que trabajan con chicos. ¿Puede mencionar algunas?

–En el libro hacemos cinco propuestas, dirigidas a todos los profesionales que lidian con chicos. Una es un método para supervisar el desarrollo. Construimos un indicador para que un centro de salud, una obra social, una provincia o un municipio pueda vigilar el desarrollo de los niños en forma periódica. Es un indicador de bajo costo y muy confiable. Estamos haciendo propuestas a autoridades de salud pública, que han recibido esta idea con beneplácito.

Otra propuesta tiene que ver con los chicos que llegan a la escuela, a primer grado, con un problema de desarrollo no detectado. Hay problemas de desarrollo que no son tan graves y no son tan fáciles de detectar. Por ejemplo, en el caso de niños que no oyen, la interpretación inicial del retraso del lenguaje a veces es “no le da la cabeza”, pero en el fondo es que no oye bien. Por eso creamos la Prueba Nacional de Pesquisa (Prunape), un test sencillo y de bajo costo para que los pediatras se lo administren a todos los chicos sanos, antes de los 5 años. Para que, si se detecta algo, haya tiempo de estimularlo y que vaya al colegio en mejores condiciones.

También hemos hecho un cuestionario, pre-pesquisa, que se lo da a la madre en la sala de espera, ella lo llena, el pediatra lo evalúa  y, si el resultado es desfavorable, entonces se administra la Prunape. El cuestionario es una herramienta muy barata, la madre tarda 7 minutos en llenarlo. Es un sistema de pesquisa costo-efectivo, realista, práctico y confiable.

El último capítulo y el epílogo hacen referencia a la inequidad.

–Efectivamente, nuestros estudios reflejan que hay inequidad en el desarrollo psicomotor de los niños. El libro termina con una cita de una obra de teatro, Ha llegado un inspector de J. B. Priestley, que a mí me impresionó mucho. Al final, el inspector dice: “Hay millones y millones de Juana y Juan Pérez arrojados a la vida con sus miedos, esperanzas, felicidad y posibilidades de felicidad, todos ellos interconectados con nuestras propias vidas y con todo lo que pensamos, decimos y hacemos. No vivimos solos en esta tierra, somos responsables los unos de los otros”. La obra se estrenó en 1945, al final de la guerra. Entonces, esa frase de que somos responsables los unos de los otros adquiere mucho más sentido. El epílogo plantea una reflexión ética sobre la inequidad y la necesidad de trabajar para reducirla.

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