Docentes, ¿sin derecho a equivocarse?

La viralización de errores cometidos por docentes mientras daban clases en la TV Pública es una oportunidad para repensar cuál es el rol del error en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Pero, sobre todo, para advertir que no habrá mejora educativa sin valoración social de los docentes.

 Docentes, ¿sin derecho a equivocarse?

FOTO: Marco Verch @Flickr

“Si cerramos la puerta a todos los errores, dejaremos la verdad fuera
R. Tagore

En los últimos días, en medios de comunicación y redes sociales se viralizaron errores cometidos por docentes mientras daban clases en la TV Pública, en el marco del programa Seguimos Educando. La situación dio pie a críticas por parte de usuarios y periodistas, en una modalidad cotidiana dentro de ese ecosistema: el linchamiento. Pero el episodio también habilita una discusión interesante: ¿cómo encarar el error en el proceso de enseñanza y aprendizaje?

“Como seres humanos convivimos con los errores; ocurren por innumerables factores y son parte constitutiva de nuestro aprendizaje a lo largo de la vida. ¿Puede un docente equivocarse? Por supuesto, como puede y se equivoca un periodista, un político, un médico y hasta un premio Nobel”, plantea una carta firmada por más de 500 docentes, especialistas en educación, periodistas y funcionarios de todo el país.

“El problema no es el error sino la actitud posterior que debe ser reflexiva, autocrítica y constructiva: de hecho, esta maestra corrigió inmediatamente el suyo. La actitud ante el error implica honestidad intelectual y un posicionamiento ético en una situación de enseñanza completamente extraordinaria como lo es un programa de TV en vivo”, continúa la carta.

La valoración del error como oportunidad de aprendizaje forma parte de las premisas de cualquier pedagogía moderna. Un clásico libro del pedagogo francés Jean Pierre Astolfi se titula El error, un medio para enseñar; la especialista argentina Alicia Camilloni incluso hablaba de los “errores inteligentes”. Sin embargo, la reflexión pedagógica se ha detenido más en los errores de los estudiantes que en los cometidos por los docentes.

En este período de pandemia y educación remota los errores quedan más en evidencia: en un aula virtual o en televisión, lo escrito o lo dicho en clase permanece, y se somete a la mirada no solo de los estudiantes, sino de otros actores, desde padres hasta comunicadores. La educación se vuelve más pública –más visible– que nunca: los errores y los aciertos resultan más expuestos (pero los primeros logran mayor repercusión mediática).

Desdramatizar los errores, asumirlos y aprender de ellos forma parte de la construcción de la autonomía y del desarrollo de la iniciativa personal (para hacer ciencia, para emprender o para encarar cualquier proyecto). Forma parte, de hecho, de las “competencias clave para el aprendizaje a lo largo de la vida” definidas por la OCDE. Una de las frases más conocidas del escritor Samuel Beckett –que nada tiene en común con la OCDE– reconoce que es imposible no equivocarse; a lo sumo, podemos aspirar a “equivocarnos mejor” (“Fail again. Fail better”).

Algunos referentes educativos apelaron a sus propios errores para poner en perspectiva qué significa equivocarse. Mariano Narodowski, profesor investigador del Área de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella e impulsor de la carta junto con Stella Escandell, Ramiro Rojas, Martín Pedersen, Federico del Carpio y Alejandro Morduchowicz, escribió al respecto en Twitter: “Muchísimas veces me equivoqué dando clases. Desde errores de ortografía hasta alguna confusión conceptual que prefiero olvidar. La diferencia con la seño de la TV es que nadie me filmaba. Pero claro, el que nunca dio clase no tiene idea y cree que es fácil”.

La carta de reivindicación de las docentes “linchadas” concluye con una invitación a “ponernos en la piel de cada docente para valorar su esfuerzo en estas condiciones adversas”. Y sugiere: “Hay mucho para mejorar en la educación argentina, pero esos cambios vendrán en la medida de que seamos capaces de ponernos de acuerdo, aprendiendo de cada error para avanzar hacia una sociedad más justa”.

A modo de cierre, el documento plantea que el primer punto para la mejora de la educación y el futuro del país es la valoración social del docente, con una dura advertencia: “Si aquel que pone su propia subjetividad y conocimiento para la transmisión de los saberes que requiere la nación es gratuitamente desacreditado, el futuro se torna incierto e inviable”.

0 Reviews

2 Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Notas relacionadas